Desde que en 1974 se descubriera que la capa de ozono que nos protege de los rayos ultravioleta (UV) está reduciéndose a causa de la acción del cloro contenido en los gases CFC emanados hacia la atmósfera por los procesos y productos industriales, la reversión de este problema ha sido prioritaria en la agenda de los gobiernos y organismos internacionales. Esto afecta directamente a unos electrodomésticos que, con la llegada del buen tiempo, recobran su protagonismo: los equipos de aire acondicionado, los cuales funcionan con gases refrigerantes.

Ante los nuevos condicionantes legislativos, planteados con un fin ambiental, de salud o social, los fabricantes se posicionan haciendo uso de su mejor herramienta: la I+D. La fuerza de la química y del diseño hace que podamos disfrutar de productos cada vez más sostenibles y funcionales a un precio competitivo. La sustitución en los años noventa de los gases CFC por compuestos menos impactantes como los HCFC, supuso un primer paso. Los gases empleados como sustitutos más ecológicos en los equipos de aire acondicionado, como el R22, eran compuestos de transición y tenían fecha de caducidad (enero de 2015), pues aunque en menor medida, siguen conteniendo cloro que degrada el ozono.